Escritores: manías y supersticiones

Son muchos de ellos los que tienen ciertas manías a la hora de escribir sus obras. Me atrevería a decir que deben sufrir un trastorno obsesivo compulsivo dado a las escentricidades de sus rituales previamente o durante el proceso de escritura. No por ello quiere decir que sea algo negativo, ya que gracias a sus rarezas o hemos podido disfrutar de sus obras quedando reflejado su talento en ellas.

 

Los escritores y sus manías

  • Haraki Murakami, escritor japonés, se despierta a las cuatro de la mañana y trabaja cinco o seis horas seguidas sin parar. Además, no gozaba de una gran vida social ya que rechazaba muchas invitaciones a actos sociales. Ernest Hemingway escribía con una pata de conejo dentro del bolsillo, pero uno de los más curiosos es el caso de Gabriel García Márquez, que para él era imprescindible estar en una habitación con una temperatura determinada y acompañado de una flor amarilla posada en la mesa donde escribía.
  • Isabel Allende realiza conjuros y antes de comenzar su trabajo enciende una vela, cuando ésta se apaga, cesa su trabajo sin importarle en que punto se encuentre su novela. Además empieza sus obras el 8 de enero.
  • Isaac Asimov, uno de los considerados “escritores metódicos”, escrbía ocho horas al día durante los siete días de la semana, sin descanso ni vacaciones. Solía escribir unas treinta y cinco páginas diarias y solo las revisaba una vez, consideraba que hacerlo más veces era una pérdida de tiempo.
  • Michael Crichton era un verdadero adicto al trabajo, se pasaba todo el día escribiendo y cuando no escribía solo pensaba en lo que iba a escribir. Una de sus cuatro ex-mujeres llegó a decir que vivir con él era “como vivir con un ser inerte” debido a su obsesión por la escritura.
  • Ernest Hemingway tenía la manía de escribir casi siempre de día. Otra de sus extrañas costumbres era la de tener dos amuletos en el bolsillo a la hora de escribir: una pata de conejo y una castaña de Indias.
  • Stephen King tiene dos premisas fundamentales, leer todo lo que fuese posible y  escribir no menos de 2.000 palabras diarias .
  • Dan Brown se suele tumbar boca abajo, cogido por los tobillos para que le llegue mejor el riego a la cabeza y así poder expandir su intelecto. Otra de su manías es, mientras escribe, detenerse cada hora para hacer unas flexiones.
  • Arthur Miller parecía estar frustrado o desesperado por no llevar una rutina de trabajo. Según dijo en una entrevista en 1999: “Me levanto por la mañana, voy a mi estudio y escribo. ¡Y luego lo rompo todo! Esa es la rutina, en realidad. Entonces, ocasionalmente, algo queda. Y eso es lo que continúo. La única imagen que me viene a la mente es la de un hombre que camina con una vara de hierro en la mano durante una tormenta de rayos”.
  • Truman Capote era supersticioso que en su cenicero no podía haber en el mismo tiempo tres colillas, y si estaba en casa de alguien, se guardaba los cigarrillos apagados sin estar completamente terminados en su bolsillo. Los viernes no podía empezar ni terminar nada y sumaba números en su cabeza de forma compulsiva.

Hay muchos deportistas, como futbolistas, que entran al terreno de juego con el pie derecho como norma, o se santiguan antes de lanzar un penalty. Así que, si lo miramos desde un punto de vista más “humano” estas rarezas no sean más que costumbres personales como pueda tener cualquier persona que no se dedique a la literatura, pero lo cierto es que unas son más condicionantes que otras.

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